Jesús nuestro abogado permanente

Hoy quiero hablar de un reconocido defensor que no pierde un caso, de Jesús, nuestro abogado.

Juan nos dice lo siguiente: «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.» 1 Juan 2:1 (RVR1960).



Fíjate que tenemos abogado para con el Padre, además, es tranquilizante saber que es Jesucristo, el justo.

Siendo Jesús nuestro abogado, ciertamente, estamos seguros que él está a nuestro lado para defendernos, aconsejarnos, fortalecernos, alentarnos, igualmente, intercede por nosotros (Romanos 8:34). ¡Amén!

En el libro de Juan se registra una situación muy apropiada para desarrollar nuestro tema, justamente, en los primeros versículos del capítulo 8:

le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? (Juan 8:4-5 RVR60).

Según la ley de Moisés (Lv 20:10), la mujer debía morir, siendo así, seguramente ella no dejaba de pensar que vivía sus últimos momentos de vida. Pero, algo estaba a punto de suceder, y no era lo que los escribas y fariseos tenían planeado.

Aquellos hombres insistían con su pregunta, realmente su mayor objetivo era destruir a Jesús. Así mismo, no faltarán personas que sin motivo nos quieran causar daño, pero tenemos a Jesús, nuestro abogado, y no permitirá ninguna injusticia.

De igual manera, hay un enemigo que anda buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8), y nos acusa día y noche (Apocalipsis 12:10). De ahí la importancia de un abogado, Jesús. (1 Juan 2:1).

Ahora, qué pasó con la mujer y sus acusadores, vayamos a los versículos 7 y 9:



«Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.»,»Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.» (Juan 8:7,9 RVR60).

¡Impresionante! Todos sintieron el peso de su pecado, por lo mismo, nadie tuvo la libertad de lanzar la piedra.

De igual forma, hoy muchas personas tienen la facilidad de ver los pecados de los demás. Además, la Biblia nos dice: «No hay justo, ni aun uno» (Romanos 13:10b).


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El único que puede ayudarte es Jesús, nuestro abogado, él pagó por nuestros pecados (1 Juan 2:2, 1 Pedro 2:24 y 3:18). No lo son las buenas obras y el dinero.

Finalmente, «Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.»

Los escribas y fariseos sólo lograron una aplastante derrota de parte del Abogado, del mismo modo, nuestros enemigos serán avergonzados por la obra justa de Jesús, nuestro abogado.

A veces por error cometemos un pecado, y por ello, nos sentimos mal. Por eso mismo, Jesús nuestro abogado, intercede ante el Padre recordando que él ya pagó por nuestros pecados, y de igual modo, nos defiende del acusador.

Que Jesús sea nuestro abogado, no quiere decir que tenga la libertad para seguir pecando sabiendo que intercede por mi, desde luego que no. Además, ser perdonados no quiere decir que las consecuencias desaparezcan.

Jesús nuestro abogado nos brinda justicia, y al igual que a la mujer, nos dice: «vete, y no peques más».

Estoy seguro que la mujer aprovecho la oportunidad para enderezar su camino delante del Señor, ¿qué harás tú?



Jesús es el abogado por Excelencia, Amoroso, Justo, además, no pierde un caso.

Finalmente, los enemigos no pudieron vencer a Jesús, todos terminaron derrotados por la espada de su boca, y la sabiduría de sus palabras.

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